“Cuando la tecnología ofrece algo que no podría ser enseñado de otra forma es cuando se constituye en relevante. Reemplazar la tecnología de tiza y pizarrón por un dispositivo digital para hacer exactamente lo mismo, claramente no implica ningún aporte para la enseñanza”. Esta cita de Débora Kozak me hace pensar en qué cuestiones, qué aprendizajes pueden hacerse con tecnología que no podrían hacerse de otra manera. Precisamente, entre otros, veo el potencial enorme que aportan las Tic en el aprendizaje colaborativo que permite la construcción del conocimiento entre varios miembros de una comunidad educativa (o no).
Pienso por ejemplo, en una clase de historia. Bien podría el profesor pedir que, para el cierre de un tema, los alumnos hagan un Power Point. Pero si esta herramienta tecnológica solo reemplaza al tradicional afiche, no va. Ese PP tiene que otorgar un plus al aprendizaje que de otra forma no se podría dar. ¿Por qué no pensar entonces en la construcción colaborativa de un PP utilizando Google drive? ¡Cuánta riqueza en el hacer, deshacer, opinar, acordar, discutir! ¡Cuánta riqueza en un conocimiento que se construyó desde múltiples miradas!
Y me sigo preguntando… ¿en qué medida un entorno virtual puede ayudar a mejorar y potenciar las dificultades que observamos a diario en nuestras aulas? Tanto una plataforma que podríamos incorporar al curso como las herramientas tecnológico-didácticas (blog, wiki, foros, uso de programas para hacer gráficos, murales interactivos entre otros), son instrumentos que, al margen de la cuota de entusiasmo que genera en los alumnos, promueve una situación de “aula invertida”. En otras palabras, alumnos y docentes tienen la posibilidad de interactuar en tiempos y espacios asincrónicos de manera colaborativa, activa y permanente, posibilitando aprendizajes potentes y significativos.
Y en todo esto, sigo pensando en la posibilidad que otorga un entorno virtual para que el estudiante pueda autogestionar su aprendizaje e “integrar diferentes tipos de conocimiento” utilizando diversas herramientas y en diversos contextos.
Por ello es importante destacar cómo los PLE (Entornos Personales de Aprendizaje), otorgan ese plus del que hablaba al principio, algo que no puede dar el aula presencial, el claustro en el que al mismo ritmo y al mismo tiempo intentamos enseñar y aprender.
Quizás esta presentación, realizada colaborativamente, pueda aclarar este concepto de PLE, como un entorno diferenciador de nuestras aulas que aún no pueden salirse de las “cuatro paredes”.
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